viernes, 8 de mayo de 2009

LA LIBERTAD DE EXPRESION EN SANTIAGO DEL ESTERO

Desde el precepto constitucional que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes, es valido poner de manifiesto que quienes resultan electos para ejercer el poder político son simple representantes de ese pueblo. Algo que resulta obvio para una situación normal, no es inválido en una provincia como Santiago del Estero, donde producto de la tergiversación de las funciones, quienes gobiernan se consideran los patrones y consideran al pueblo sus serviles, generando en los representantes un clima de impunidad por lo que consideran que todo lo pueden. Cuando cuentan además con una billetera muy cargada y ciudadanos que dejando de lado todo tipo de principios y valores se someten al poder del vil metal, transformándose en cómplices del surgimiento de un nuevo autoritarismo. Y si a ello le sumamos una justicia dependiente por estar en comisión y un poder legislativo fedatario de las acciones del ejecutivo conforman el caldo de cultivo adecuado para el fortalecimiento del pasado reciente, que creíamos superado.
Todo este escenario, fortalece los rasgos de autoritarismo imperante, y concluye en un debilitamiento institucional generando la crispación de quienes se atreven a pensar distinto,
Pensar distinto que no encuentra ningún canal de difusión para poder expresar la idea, el pensamiento, la reflexión, porque la libertad de expresión se encuentra vedada para la oposición.
La libertad de expresión es un derecho garantizado constitucionalmente, al considerarlo un valor propio de la esencia del hombre y nuestra iglesia Católica sostiene que la libertad de expresión es un derecho universal considerando “que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión”. Para la Iglesia la “opinión pública” nace del hecho que la expresión de los propios sentimientos, opiniones y afectos son fundamentales para el crecimiento y realización humana. Además, reconoce que la libertad de expresar es factor y elemento necesario en la formulación de la opinión pública.
Al estar cercenada la libertad de expresión surge naturalmente la censura, que es el uso y abuso del poder, por parte del Estado o de algún grupo influyente, para controlar la libertad de expresión. Ello consiste en prohibir la información, los puntos de vista o formas de expresión y se hace con el fin de mantener el status quo, controlar el desarrollo de una sociedad, y suprimir la disconformidad de un pueblo sometido.
Es así como tenemos medios de comunicación totalmente condicionados, condicionamientos que se manifiestan con amenazas directas o solapadas, interferencias en las comunicaciones, cuando no mediante presiones fiscales, en el ámbito local, ya que cuando algún diario de circulación nacional hace referencia a algunas de las verdades escondidas apelan a la adquisición de todos los periódicos llegados a la provincia. Por lo que el manejo de la libertad de expresión por parte del gobierno la traducen en la distribución arbitraria, de la publicidad oficial, beneficiando o castigando a los medios según el tono de su contenido editorial. Así llegamos a la conclusión que a un medio se lo acalla mediante el estrangulamiento económico, por lo que todo medio de comunicación que quiera ejercer su función de manera honrada a la comunidad peligra con desaparecer, pero los medios que en este sistema resultan enriquecidos por el favor oficial, allí la libertad de prensa directamente desaparece.
Estos medios, son los cuales generan innumerables puestos de trabajo, entre los cuales se destacan los periodistas, personas que ejercen la noble profesión del periodismo, actividad que consiste en recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información relativa a la actualidad, definición que en nuestra provincia se transforma en netamente coloquial, ya que no tienen la independencia necesaria para la publicación de su trabajo, ya que producto de la censura imperante debe ser filtrada cuando no por los propietarios del medio, por los delegados del gobierno instalados en los medios.
Es lamentable el clima de trabajo en el que se deben desenvolver, ya que en razón de tener que poder mantener su fuente de trabajo, deben dejar de lado el juramento efectuado oportunamente en cuanto al fiel ejercicio de su profesión, ya que conocen a la perfección la realidad pero como deben llevar el pan a su casa, deben aceptar las reglas de juego que le impone, tanto el gobierno, como sus patrones. Siempre se dice que el trabajo dignifica, pero para que ello suceda debe ser con justicia, verdad y libertad. Sin esos tres valores no existe el trabajo digno.
Repudiamos el accionar del gobierno para con la libertad de prensa, la libertad de empresa y la libertad de expresión. Pero no nos podemos quedar en eso, debemos buscar soluciones concretas, las que solamente surgirán de la solidaridad de todos los afectados, para poder sentirnos hombres dignos, libres. Esta solidaridad se transformara en fortaleza necesaria para poder romper las cadenas del miedo, como lo decía nuestro querido y siempre recordado, obispo Monseñor Gerardo Sueldo.

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